Universidades públicas y ajuste fiscal: el debate entre financiamiento educativo y déficit cero bajo la gestión Milei
El conflicto entre el Gobierno nacional y las universidades públicas argentinas se profundiza a medida que avanza el segundo año de gestión del presidente Javier Milei. El núcleo del debate radica en la negativa del Ejecutivo a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, decisión que fue justificada bajo el principio del “déficit cero” y la […]
El conflicto entre el Gobierno nacional y las universidades públicas argentinas se profundiza a medida que avanza el segundo año de gestión del presidente Javier Milei. El núcleo del debate radica en la negativa del Ejecutivo a aplicar la Ley de Financiamiento Universitario, decisión que fue justificada bajo el principio del “déficit cero” y la estabilidad macroeconómica, pero que numerosos sectores académicos y económicos cuestionan con datos concretos sobre las decisiones fiscales adoptadas en paralelo.
El presupuesto universitario vigente asciende a 4,8 billones de pesos, equivalente a aproximadamente 3.400 millones de dólares. La implementación de la ley vetada implicaría un costo adicional de entre 2,5 y 3,1 billones de pesos para actualizar recursos y salarios conforme a la inflación acumulada desde fines de 2023, lo que representaría apenas el 0,36% del Producto Interno Bruto. Sin embargo, el sistema universitario público ya acumula una merma del 45% en su presupuesto real durante los últimos dos años y medio, mientras que los salarios docentes y no docentes perdieron más de un tercio de su poder adquisitivo en el mismo período.
El argumento oficial de la escasez de recursos es puesto en tensión por investigadores y organizaciones especializadas. El economista Germán Pinazo, de la Universidad Nacional de General Sarmiento (UNGS), y representantes de la ONG ACIJ señalan que el Estado generó su propia restricción presupuestaria al reducir la recaudación mediante exenciones impositivas y beneficios fiscales orientados a sectores de altos ingresos y corporativos. En esta lectura, el recorte a la educación superior no sería una necesidad estructural sino una opción política en un marco de redistribución regresiva del ajuste.
Desde una perspectiva macroeconómica, el economista Javier Curcio, de la Universidad de Buenos Aires (UBA), aporta datos que dimensionan la magnitud del ajuste fiscal en su conjunto. El gasto público nacional descendió cinco puntos porcentuales del PIB en los primeros dos años de gestión, pasando del 19% al 14%. No obstante, ese recorte no fue distribuido de manera homogénea: el presupuesto universitario resultó afectado en una proporción muy superior al promedio general, lo que evidencia una decisión deliberada de priorización sectorial.
Curcio también advierte sobre un efecto colateral de la política de ajuste: la caída de la actividad económica y del consumo privado provocó una reducción de 0,2 puntos del PIB en la recaudación del IVA, impuesto que no fue modificado. Este fenómeno ilustra lo que los especialistas denominan un círculo vicioso: sin políticas de crecimiento que acompañen el ajuste del gasto, la propia contracción económica deteriora la base tributaria y dificulta el equilibrio fiscal que el Gobierno busca sostener.
En términos comparativos, la situación de la educación superior argentina resulta particularmente crítica en el contexto regional. El gasto actual equivale al 0,50% del PIB, posicionando al país como el de menor inversión relativa en educación superior de América Latina. La aplicación de la Ley de Financiamiento llevaría ese indicador al rango de entre 0,75% y 0,80% del PIB, cifra que aún quedaría por debajo del promedio regional, especialmente considerando que la Argentina cuenta con un sistema universitario público, gratuito y de libre acceso, a diferencia de la mayoría de sus vecinos donde predominan los sistemas privados arancelados.
La tensión entre sostenibilidad fiscal y derecho a la educación superior configura uno de los debates más complejos de la coyuntura nacional. Mientras el Gobierno sostiene que el equilibrio de las cuentas públicas es condición necesaria para la estabilidad macroeconómica de largo plazo, los sectores universitarios y parte de la comunidad académica argumentan que el recorte sobre la educación pública compromete capacidades estratégicas del país en materia de ciencia, formación profesional y movilidad social. La discusión, lejos de cerrarse, se proyecta como un eje central del debate político y presupuestario de los próximos meses.
