Piloto necochense relató cómo vivió el terremoto de magnitud 7,7 en Panamá
El piloto necochense Martín Anchorena, radicado en Panamá, envió un mensaje de tranquilidad a sus familiares y amigos tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió ese país el viernes 9 de octubre. “Solo paso a dar las gracias a Dios y a todos los que se preocuparon, estamos bien. ¡Dios es grande, muy grande!”, […]
El piloto necochense Martín Anchorena, radicado en Panamá, envió un mensaje de tranquilidad a sus familiares y amigos tras el terremoto de magnitud 7,7 que sacudió ese país el viernes 9 de octubre. “Solo paso a dar las gracias a Dios y a todos los que se preocuparon, estamos bien. ¡Dios es grande, muy grande!”, expresó a través de un mensaje. Sin embargo, detrás de esas palabras de alivio se esconde un escenario de angustia, evacuaciones y mucha incertidumbre.
Anchorena, que vive en un piso 31 de un edificio en el país centroamericano, contó cómo atravesó las horas posteriores al sismo y describió el temor que se apoderó de la población. “Estaba llevando a unos amigos al aeropuerto y, gracias a Dios, no sentí nada porque tengo una camioneta bastante grande. Pero cuando llegué a casa estaba todo evacuado, la gente llorando”, relató. El necochense explicó que, aunque los movimientos sísmicos no son extraños en Panamá, la magnitud de este terremoto sorprendió a todos. “Acá es normal que se mueva, pero no con esa magnitud”, señaló.
La situación que encontró al regresar a su vivienda fue completamente distinta de la habitual. Los edificios habían sido evacuados y cientos de personas permanecían en las calles, a la espera de novedades sobre las condiciones de seguridad de sus hogares. “Están saqueando supermercados, toda la gente está en la calle. Todo el mundo tuvo que evacuar”, describió Anchorena al referirse al clima de tensión que se vivía tras el terremoto.
Una de las principales preocupaciones era saber cuándo podrían regresar los residentes a sus departamentos. En su caso, el hecho de vivir en un piso 31 sumaba un interrogante importante, ya que la vuelta dependía de las evaluaciones de seguridad que debían realizarse en los edificios. “No sé cómo van a evaluar para la vuelta a los edificios”, expresó. La incertidumbre se extendía entre quienes habían tenido que abandonar sus viviendas y todavía no sabían cuándo podrían volver a ingresar. La prioridad era determinar si las estructuras habían sufrido daños y si existían condiciones para regresar sin riesgos.
En medio de la emergencia, Anchorena también tuvo que regresar a su departamento para buscar algunas pertenencias. La experiencia estuvo marcada por las alarmas de evacuación y el temor a que se produjeran nuevos movimientos. “Yo venía tapándome los oídos porque la alarma es muy fuerte y rezando, porque soy muy católico”, contó sobre ese momento. El piloto debió subir por las escaleras hasta su vivienda, ubicada en el piso 31, mientras continuaba la preocupación por las posibles réplicas del terremoto.
Según su relato, después del movimiento principal se sintieron alrededor de 50 temblores de menor intensidad, lo que prolongó la tensión y dificultó que la población recuperara la tranquilidad. El sismo ocurrió el viernes 9 de octubre y alcanzó una magnitud de 7,7, de acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Las autoridades locales aún evalúan los daños materiales y no se reportaron víctimas fatales hasta el momento.
La experiencia de Anchorena refleja el impacto emocional que dejan los desastres naturales en quienes los viven. A pesar de la distancia, sus seres queridos en Necochea siguieron con atención cada detalle de lo ocurrido y celebraron que se encuentre a salvo. El piloto, por su parte, agradeció las muestras de cariño y pidió oraciones por la situación que atraviesa Panamá.
El terremoto de Panamá deja en evidencia la vulnerabilidad de la región ante los movimientos sísmicos y la importancia de contar con protocolos de evacuación y evaluación de estructuras. Mientras tanto, la comunidad necochense se mantiene en contacto con Anchorena, quien continúa en Panamá a la espera de que la situación se normalice por completo.
