Necochea reflexiona sobre la pérdida de sustancia en la comunicación digital
Guillot vuelve a la columna Crónicas en domingo para abordar un tema que preocupa a la comunidad necochense: la creciente falta de sustancia en nuestras interacciones cotidianas. En el contexto de la 4 de octubre de 2026, el autor señala que la proliferación de mensajes de audio y la dependencia de plataformas como WhatsApp están […]
Guillot vuelve a la columna Crónicas en domingo para abordar un tema que preocupa a la comunidad necochense: la creciente falta de sustancia en nuestras interacciones cotidianas. En el contexto de la 4 de octubre de 2026, el autor señala que la proliferación de mensajes de audio y la dependencia de plataformas como WhatsApp están transformando la forma en que nos relacionamos, generando una sensación de distanciamiento y superficialidad.
Los psicólogos, sociólogos y filósofos consultados por la prensa local advierten que la rapidez de los intercambios digitales favorece la aparición de malentendidos y reduce la profundidad del diálogo. En Necochea, donde la vida social ha sido históricamente marcada por el encuentro cara a cara, este fenómeno se percibe como una amenaza a la cohesión comunitaria y al desarrollo de un pensamiento crítico autónomo.
Según los expertos, el uso masivo de audios en aplicaciones de mensajería se justifica por la aparente comodidad y rapidez que ofrecen. Sin embargo, al prescindir del contacto visual y de la expresión corporal, se pierde la oportunidad de interpretar matices emocionales y contextuales, elementos esenciales para una comunicación plena. En la práctica, la “gratuita” transmisión de datos se traduce en un costo invisible: la erosión de la capacidad de escuchar y de ser escuchado con atención.
En el ámbito educativo y laboral de la región, docentes y empresarios han observado una disminución en la calidad de los debates y en la efectividad de las reuniones virtuales. La falta de sustancia no solo afecta la interacción social, sino que también repercute en la productividad y en la toma de decisiones estratégicas. Por ello, se plantea la necesidad de fomentar espacios presenciales y de promover la escritura reflexiva como contrapeso a la inmediatez de los mensajes de voz.
El artículo también hace una advertencia sobre los riesgos de manipulación que pueden derivarse de esta dinámica. Cuando la información circula de forma fragmentada y sin el respaldo de un análisis profundo, se abre la puerta a la difusión de discursos simplificados que pueden ser utilizados por intereses particulares para moldear la opinión pública. En este sentido, la columna invita a los lectores a “abrir los ojos y la mente”, retomando la responsabilidad individual de buscar fuentes fiables y de participar activamente en discusiones que enriquezcan el tejido social.
Para contrarrestar esta tendencia, se proponen varias iniciativas locales: la organización de mesas redondas en la Biblioteca Popular, la implementación de talleres de comunicación asertiva en centros comunitarios y la promoción de campañas de alfabetización digital que incluyan la valoración de la calidad informativa. Estas acciones buscan revitalizar el sentido de comunidad y reforzar la capacidad de los ciudadanos para discernir entre contenido sustancial y ruido digital.
En conclusión, la reflexión de Guillot invita a la ciudadanía necochense a reconsiderar sus hábitos comunicativos y a recuperar la profundidad en sus relaciones. El llamado es claro: fomentar el diálogo cara a cara, valorar la escucha activa y apoyar a quienes promueven el fortalecimiento del vínculo humano. Solo así se podrá detener la pérdida de sustancia y garantizar un futuro donde la tecnología complemente, y no reemplace, la interacción humana.
