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Milei y el uso degradado del cargo: un espectáculo que confunde el poder con un ring de streaming

El presidente Javier Milei se presentó en el predio ferial de Palermo de La Rural como un espectáculo, confundiendo el sillón de Rivadavia con un ring de streaming. Mientras hablaba en el stand de Radio Mitre sobre la emisión monetaria, interrumpió su discurso para señalar con el dedo índice a alguien que caminaba por el […]

28 de julio de 2026, 16:47 hs
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El presidente Javier Milei se presentó en el predio ferial de Palermo de La Rural como un espectáculo, confundiendo el sillón de Rivadavia con un ring de streaming. Mientras hablaba en el stand de Radio Mitre sobre la emisión monetaria, interrumpió su discurso para señalar con el dedo índice a alguien que caminaba por el predio. ‘Mirá, ahí está pasando alguien que le hizo muchísimo daño a la Argentina’, disparó, sin que nadie se lo pidiera.

Cuando alguien del estudio le acercó el apellido —‘De Mendiguren’—, Milei no dudó: ‘Sí. Mirá. Ese le cagó a los argentinos 30 mil millones de dólares’. Y redobló apuntando directo al exministro de Eduardo Duhalde: ‘Vos sí, ladrón, arruinaste el país con Duhalde y toda su banda’.

El exabrupto inicial continuó sin medirse, dando a interpretar que su furia es una condición psiquiátrica mal tratada. Porque minutos más tarde, ya lanzado, el Presidente instruyó a sus seguidores sobre cómo proceder ante figuras como De Mendiguren: ‘hay que animarse a enfrentarlos’. Y subió la apuesta con un léxico que ningún jefe de Estado debería necesitar: lo llamó ‘sorete’ y ‘mierda humana’, y remató con una humillación de patio de colegio de tercer grado de escuela primaria al deformarle el apellido (‘De Mendicurren’) frente a cámara.

Todo esto mientras hablaba de una supuesta ‘estafa’ con la moneda y acusaba a la política de haberle robado a la gente 45 mil millones de dólares, en un combo de denuncias sin sustento judicial inmediato que el Presidente lanza como verdad revelada desde el escenario más protegido del país: el que le da la investidura.

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Un Presidente, no un panelista de streaming. Que un mandatario use un micrófono institucional para escrachar a un dirigente que, al ser en ese instante un mero transeúnte, no puede defenderse, y acusarlo de ‘ladrón’ sin proceso judicial y azuzar a que lo ‘enfrenten’ en la calle no es un hecho de ‘color’ político. Más bien es un uso degradado del cargo.

Milei parece no haber notado que dejó de ser el economista que gritaba insultos en la tele para convertirse en el representante de todos los argentinos, incluido De Mendiguren. La escena se repite con cada acto público: el insulto como estrategia, el escrache como política de Estado. Y mientras ‘la claque mediática oficial’ lo celebra como ‘autenticidad’, la pregunta que debería incomodar a cualquier institución republicana es otra: ¿qué pasa cuando el que señala con el dedo desde el poder es el propio Presidente? ¿Hasta cuando debe soportarse a un prepotente, bravucón y energúmeno haciéndonos los boludos como sociedad y riéndonos de su supuesta ‘excentricidad’?

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