Macri mueve sus fichas en silencio: el PRO se prepara para 2027 con Bausili como ancla en el Banco Central
Mauricio Macri reorganiza el PRO con la vista puesta en 2027. Lejos del ruido mediático, el expresidente diseña una estrategia de largo plazo que combina la reconstrucción de su fuerza política, la gestión silenciosa de su vínculo con el gobierno de Javier Milei y una jugada institucional concreta: garantizar la ratificación de Santiago Bausili al […]
Mauricio Macri reorganiza el PRO con la vista puesta en 2027. Lejos del ruido mediático, el expresidente diseña una estrategia de largo plazo que combina la reconstrucción de su fuerza política, la gestión silenciosa de su vínculo con el gobierno de Javier Milei y una jugada institucional concreta: garantizar la ratificación de Santiago Bausili al frente del Banco Central de la República Argentina.
El viernes pasado, en un encuentro en Vicente López junto a la conducción bonaerense del PRO encabezada por Cristian Ritondo, Macri reservó para sí la dirección estratégica del partido y delegó la gestión cotidiana en sus cuadros territoriales. El mensaje que circuló en ese encuentro fue claro en dos direcciones: hacia los libertarios, advirtió que no permitirá que el PRO sea absorbido por La Libertad Avanza; hacia el resto del sistema político, dejó en claro que tampoco facilitará un retorno del kirchnerismo al poder.
En el análisis que Macri comparte con buena parte del arco político —aunque sin expresarlo públicamente— el proyecto del gobierno nacional enfrenta dificultades concretas para traducir su programa económico en mejoras tangibles para la población: los salarios reales aún no recuperan terreno, el consumo interno permanece deprimido, varias empresas atraviesan procesos de cierre y las inversiones extranjeras de magnitud aún no se materializaron en la escala esperada. Ese diagnóstico alimenta su lectura sobre el ciclo político que se aproxima.
En ese marco, la figura de Santiago Bausili ocupa un lugar central en la estrategia macrista. El actual presidente del Banco Central conduce la entidad de manera provisoria, pendiente de la ratificación de su pliego en el Senado. Macri asumió personalmente la tarea de movilizar los votos necesarios en la Cámara Alta para destrabar esa designación, en lo que representa uno de sus movimientos más activos dentro de la coalición de gobierno.
El vínculo entre Macri y Bausili es de larga data y excede lo meramente político. Bausili proviene del mundo financiero privado —pasó por JPMorgan y Deutsche Bank— y ocupó posiciones clave durante la gestión de Cambiemos: fue subsecretario de Financiamiento y luego heredó la Secretaría de Finanzas cuando Luis Caputo ascendió al Ministerio de Hacienda. Ambos compartieron además instancias judiciales por presuntas incompatibilidades entre sus trayectorias en el sector privado y sus funciones públicas, causas de las que Bausili salió sin condena antes de asumir su cargo actual.
La racionalidad detrás del respaldo de Macri a Bausili responde a una lógica de largo plazo. Los mandatos de las autoridades del Banco Central tienen una duración de seis años, lo que implica que una ratificación exitosa del pliego garantizaría la continuidad de Bausili independientemente del resultado electoral de 2027. Para el expresidente, eso representa una doble cobertura: si el PRO o una coalición afín accediera al gobierno, contaría con un hombre de máxima confianza conduciendo la política monetaria; si en cambio el péndulo político favoreciera al peronismo, Bausili permanecería en el cargo durante al menos los primeros dos años de ese eventual mandato, operando como un límite institucional a políticas económicas heterodoxas.
En el plano interno del PRO, Macri también resuelve otro frente: la disputa por el liderazgo de la fuerza. Según el relevamiento que realizan en su entorno, ninguno de los referentes que permanecieron en el partido —ni los que emigraron hacia el oficialismo libertario, como Patricia Bullrich— reúne hoy las condiciones para disputarle la conducción. El objetivo implícito es llegar a 2027 sin que ninguno de esos actores pueda presentarse con la estructura partidaria bajo el brazo como moneda de negociación.
El escenario que Macri construye con paciencia es el de un partido reconstituido, con identidad propia y con palancas institucionales activadas en puntos neurálgicos del Estado. La apuesta por Bausili es, en ese sentido, mucho más que un gesto de lealtad hacia el gobierno actual: es la primera ficha colocada en el tablero del ciclo político que viene.
