Lucrecia Martel y “Nuestra Tierra”: un documental que cuestiona la historia oficial
Lucrecia Martel presenta en su nuevo documental Nuestra Tierra, disponible en Netflix, la historia de la Comunidad Indígena de Chuschagasta en la provincia de Tucumán. La obra, que combina imágenes aéreas de los cerros tucumanos con material de archivo de la comunidad, busca dar voz a un grupo que históricamente ha sido marginado y a […]
Lucrecia Martel presenta en su nuevo documental Nuestra Tierra, disponible en Netflix, la historia de la Comunidad Indígena de Chuschagasta en la provincia de Tucumán. La obra, que combina imágenes aéreas de los cerros tucumanos con material de archivo de la comunidad, busca dar voz a un grupo que históricamente ha sido marginado y a la vez ofrece una mirada profunda sobre la relación entre el hombre y la tierra.
El eje central del relato es el asesinato del cacique Javier Chocobar en 2009, ocurrido durante una disputa territorial que involucró a la comunidad y a la empresa local. El juicio posterior, que se desarrolló años después, puso a los acusados –el empresario Darío Amín y los policías retirados Luis Gómez y José Valdivieso– ante la justicia y generó un debate nacional sobre la protección de los derechos de los pueblos originarios.
Martel dedicó catorce años a trabajar con la comunidad de Chuschagasta, permitiendo que sus miembros contaran su propia historia sin un encuadre previo. Este proceso de colaboración no solo otorgó a la comunidad una plataforma para expresarse, sino que también reforzó la autenticidad de la narrativa, evitando la imposición de una visión externa sobre su realidad.
La estética del documental se apoya en tomas de drones que capturan la majestuosidad de los cerros tucumanos y en fotografías de archivo que documentan la vida cotidiana de la comunidad. Estas imágenes, combinadas con entrevistas y escenas de la vida diaria, crean un contraste visual que refleja la dualidad entre la crudeza de la historia y la belleza inherente a la cultura indígena.
La película también cuestiona las nociones fundacionales de la historia oficial del Estado argentino, al mostrar cómo la comunidad vive su territorio con prácticas tradicionales y modernas simultáneamente. Se evidencia la convivencia de la cría de ovejas y cabras con el uso de teléfonos celulares, y la mezcla de ropa deportiva con bordados tradicionales, lo que demuestra la resiliencia y adaptabilidad de la comunidad.
En su narrativa, Martel destaca la necesidad de romper con los estereotipos que han marcado la percepción de los pueblos originarios como “salvajes” y de subrayar la importancia de reconocer su derecho a la autodeterminación. El documental invita a la audiencia a reflexionar sobre la justicia social y la preservación de la identidad cultural en un contexto de modernización y conflicto territorial.
En conclusión, Nuestra Tierra es una obra que no solo documenta un episodio trágico, sino que también celebra la fuerza y la dignidad de una comunidad que ha resistido a lo largo de los años. La película sirve como un llamado a la sociedad argentina a valorar y proteger los derechos de los pueblos originarios, recordándonos que la tierra es un patrimonio que pertenece a todos.
