Julián Shule: el muralista necochense que convirtió el graffiti en una profesión de 15 años
El artista urbano Julián Shule lleva más de quince años viviendo exclusivamente de pintar paredes. Lo que comenzó como una curiosidad infantil frente a un compañero de la escuela primaria sosteniendo un aerosol se convirtió, con el tiempo, en una carrera profesional que lo lleva a recorrer distintas provincias del país y a trabajar para […]
El artista urbano Julián Shule lleva más de quince años viviendo exclusivamente de pintar paredes. Lo que comenzó como una curiosidad infantil frente a un compañero de la escuela primaria sosteniendo un aerosol se convirtió, con el tiempo, en una carrera profesional que lo lleva a recorrer distintas provincias del país y a trabajar para marcas, comercios, gimnasios, bares y particulares que buscan incorporar el arte urbano en sus espacios.
En diálogo con el programa Esta Mañana de NecRadio 98.3, Shule repasó su trayectoria y reflexionó sobre la transformación que experimentó el graffiti a lo largo de las últimas décadas. Según explicó, el movimiento tuvo sus orígenes en Nueva York durante los años sesenta y setenta, vinculado en sus inicios a expresiones de protesta y rebeldía urbana. Con el correr del tiempo, ese lenguaje callejero fue evolucionando hacia estilos más artísticos y, en muchos casos, también comerciales.
El artista marcó una distinción conceptual entre el graffiti y el muralismo. “El graffiti nació en la calle y tiene una raíz mucho más under y contestataria”, señaló, al tiempo que reconoció que hoy ambas disciplinas conviven y se retroalimentan. En su trabajo cotidiano, Shule transita ese espacio intermedio: mantiene la técnica del aerosol —herramienta identitaria del graffiti— aplicándola en encargos que van desde retratos de mascotas hasta la decoración completa de restaurantes o habitaciones infantiles.
La versatilidad del aerosol es, según el propio artista, uno de los pilares de su propuesta. “Tiene un efecto increíble”, sostuvo, y destacó que permite trabajar con luces, sombras, retratos y paisajes con una precisión y velocidad que otras técnicas no ofrecen. Entre los trabajos más particulares que realizó mencionó autos personalizados, murales temáticos para gimnasios y espacios culturales, y composiciones de gran escala que requirieron el uso de autoelevadores y una planificación logística considerable. “No es solo pintar, también hay mucha preparación previa”, indicó.
La actividad profesional de Shule excede ampliamente el ámbito local. El artista organiza lo que él mismo denomina “giras de trabajo”: cuando se acumulan varios proyectos en una misma región, articula los viajes para maximizar el rendimiento de cada salida. De ese modo, ha trabajado en Córdoba, San Luis, Mendoza, Buenos Aires y otras provincias, consolidando una red de clientes que reconocen su estilo y buscan su intervención específicamente.
Uno de los aspectos más significativos que abordó durante la entrevista fue el cambio en la percepción social del arte urbano. “Antes nos miraban como raros o vándalos”, recordó, en referencia a la imagen que durante años tuvo el graffiti en Argentina y en el mundo. Hoy, según afirmó, esa mirada se ha transformado profundamente: marcas, comercios y espacios culturales incorporan activamente el lenguaje del graffiti en sus diseños, y la figura del muralista urbano goza de una legitimidad que hace quince años era impensada. “El graffiti está en todos lados”, sintetizó.
Shule también destacó los vínculos históricos del graffiti con otras culturas urbanas como el skate, el rap y el surf, señalando que esa convivencia no es casual sino constitutiva del movimiento. “Todo el contexto urbano convive con el graffiti”, afirmó. En ese marco, relató su participación en eventos de graffiti en vivo junto a músicos y bandas, instancias en las que el público puede observar el proceso artístico en tiempo real y comprender la dimensión performativa de la disciplina.
La firma artística “Shule” —nombre con el que se identifica dentro del ambiente desde sus inicios— es hoy su carta de presentación a nivel nacional. Con más de una década y media de trayectoria, Julián Shule representa un ejemplo concreto de cómo una práctica que nació al margen de los circuitos culturales establecidos logró abrirse paso hasta convertirse en una salida laboral genuina y sostenida en el tiempo, demostrando que el arte urbano en Necochea y en el resto del país tiene mucho más por decir.
