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Irán: dos meses y medio después de la masacre escolar de Minab, el trauma sigue vivo

A dos meses y medio del ataque con misiles que dejó 156 muertos —la mayoría niños— en una escuela primaria del sur de Irán, la ciudad de Minab sigue procesando uno de los episodios más devastadores del conflicto. El dolor colectivo se ha transformado, según los testimonios relevados en el lugar, en un inesperado motor […]

19 de mayo de 2026, 06:33 hs Por Redaccion 2262
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A dos meses y medio del ataque con misiles que dejó 156 muertos —la mayoría niños— en una escuela primaria del sur de Irán, la ciudad de Minab sigue procesando uno de los episodios más devastadores del conflicto. El dolor colectivo se ha transformado, según los testimonios relevados en el lugar, en un inesperado motor de cohesión nacional que se expresa tanto en ceremonias de duelo como en manifestaciones nocturnas de respaldo al gobierno de Teherán.

Todo ocurrió en una mañana de finales de febrero aparentemente normal. Las familias de Minab, una ciudad de unos 80.000 habitantes ubicada en el sur del país y cercana al golfo Pérsico, enviaron a sus hijos a la escuela primaria Shajarah Tayyebeh como cualquier otro día. Horas después, tres misiles —identificados por investigaciones preliminares como proyectiles de crucero Tomahawk de fabricación estadounidense— impactaron contra el establecimiento educativo. El resultado fue de 156 muertos, de los cuales más de un centenar eran menores de edad. Se trata del ataque contra población civil más letal registrado en el marco del conflicto bélico en curso contra el régimen iraní.

Más de un mes después de que se estableciera el alto el fuego, las huellas de aquella jornada todavía marcan la fisonomía urbana de Minab. Las calles y el mercado del jueves —tradicional punto de encuentro comercial— conviven con pancartas que recuerdan la masacre y con actos conmemorativos que se suceden en distintos puntos de la ciudad. El duelo, lejos de disolverse en la rutina, se ha instalado como parte del paisaje cotidiano.

A nivel nacional, la Organización Mundial de la Salud contabiliza hasta el momento 3.469 víctimas mortales como consecuencia del conflicto. Sin embargo, y de modo paradójico, la devastación no ha fragmentado el tejido social sino que, según se observa en distintas ciudades del país, ha reforzado el sentimiento de pertenencia colectiva. Las concentraciones nocturnas de apoyo al gobierno y los mensajes públicos de resistencia dan cuenta de esa reacción.

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El caso de Minab resonó también en los foros multilaterales. El ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, lo llevó a la agenda de la cumbre de los BRICS celebrada en Nueva Delhi: “En esta guerra, las mujeres y los niños han sido objeto de ataques sistemáticos y selectivos, lo que constituye un claro ejemplo de crimen de guerra. El ejemplo más catastrófico fue el ataque en dos fases contra la escuela de Minab”, declaró ante los representantes de los países miembros del bloque.

La dimensión estratégica de la zona agrega una capa de complejidad geopolítica al drama humano. Minab se encuentra a 1.300 kilómetros de Teherán pero a escasa distancia del estrecho de Ormuz, el corredor marítimo por donde transita aproximadamente una quinta parte de los hidrocarburos que se comercializan en el mundo. Esa proximidad convierte a la región en un punto de alta sensibilidad dentro del tablero militar y económico regional.

Detrás de las estadísticas se encuentran historias que ilustran el costo humano de manera concreta. Mandana Salari, una maestra de 29 años, había manifestado su temor ante la vulnerabilidad de la zona desde que se iniciaron las hostilidades. Su hermano, Mostafa Salari, intentó tranquilizarla apenas veinte minutos antes del impacto: “La probabilidad de un ataque aquí es cero”, le dijo. Cuando llegó al predio de la escuela —más de una hora después del bombardeo— encontró una escena de destrucción total, con padres removiendo escombros a manos desnudas. El cuerpo de Mandana fue hallado junto al de cuatro alumnos a quienes había intentado proteger en un último abrazo. Entre esas víctimas estaba su propia hija, Liana, de siete años, quien ese día había decidido no evacuar y permanecer junto a su madre.

La historia de Mandana y Liana Salari se ha convertido en símbolo del ataque de Minab y de un conflicto cuyas consecuencias humanas siguen siendo evaluadas tanto dentro de Irán como en los organismos internacionales que monitorean el cumplimiento del derecho internacional humanitario. La ciudad, su mercado y sus escombros continúan siendo testigos de una herida que, por ahora, no cierra.

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