Guillermina Valdés recordó a su padre veterinario en Necochea y cómo su muerte la llevó a cuidarse
La modelo y actriz Guillermina Valdés compartió un emotivo recuerdo de su padre, Alejandro Valdés, veterinario que desarrolló parte de su carrera en Necochea y que falleció a los 46 años a causa de un cáncer de colon. La historia surgió a partir de un comentario que le acercaron desde la Cooperativa de Tandil, donde […]
La modelo y actriz Guillermina Valdés compartió un emotivo recuerdo de su padre, Alejandro Valdés, veterinario que desarrolló parte de su carrera en Necochea y que falleció a los 46 años a causa de un cáncer de colon. La historia surgió a partir de un comentario que le acercaron desde la Cooperativa de Tandil, donde el profesional ayudaba a perros de la calle.
“Me dicen que cuando algún perrito está mal, le rezan a San Valdes”, contó Valdés al reproducir el mensaje que recibió. “¡A San Valdés! Él no tenía nada de santo pero sí amaba a los animales. Me acordé de él y lo comparto”, agregó la actriz, visiblemente emocionada por el reconocimiento póstumo a la tarea de su padre.
Según relató, su amor por los animales es una herencia directa de Alejandro. “Mi viejo era el mejor veterinario de Necochea de perros pequeños y fue uno de los primeros en trabajar en la Cooperativa de Tandil ayudando a perritos de la calle, operando gratis y hasta armando el carrito cuando eran discapacitados. Un genio”, describió. Esa entrega, sostuvo, marcó su vida y la de su familia.
Necochea ocupa un lugar central en la biografía de Guillermina Valdés: allí transcurrió buena parte de su infancia y adolescencia junto a sus padres y su hermano. Aunque luego se radicó en la gran ciudad para desarrollar su carrera, nunca olvidó sus orígenes ni el pasado familiar en la ciudad bonaerense.
Alejandro y Sandra, su esposa, dejaron Necochea para instalarse en Tandil. Él fue padre por primera vez a los 17 años, cuando Sandra tenía 15. Ya en Tandil, comenzó a estudiar veterinaria mientras ella terminaba el colegio. De esa relación nació Facundo, hermano de Guillermina, que falleció de muerte súbita a los 4 meses, una pérdida que significó un golpe muy duro y un punto de inflexión para la familia.
Años más tarde, la muerte de Alejandro a los 46 años por un cáncer de colon también influyó en la forma en que Valdés decidió cuidarse. “Teníamos los pies muy parecidos y cuando vi los suyos muertos, fue como ver los míos. Ahí tomé la decisión de cuidarme. Fue un aprendizaje más y así se generó en mí otra conciencia respecto del quererse”, recordó la actriz.
La historia de Alejandro Valdés trasciende el ámbito privado y se instala en la memoria colectiva de Necochea y Tandil, donde su labor solidaria con los animales dejó una huella imborrable. El recuerdo de su hija, cargado de afecto y gratitud, revaloriza una figura que, según sus propias palabras, dedicó su vida al trabajo y al cuidado de los demás.
En tiempos donde las historias personales suelen quedar relegadas, el testimonio de Guillermina Valdés recupera la memoria de un veterinario que hizo de la empatía su profesión y dejó una enseñanza que perdura en su familia y en la comunidad.
