Energía solar para zona rural de Misiones: una historia de solidaridad y transformación
En una Argentina marcada por grandes desigualdades, existen historias que muestran realidades invisibles para gran parte del país. Una de ellas fue relatada por el profesor Norberto “Tano” Cafiel durante una entrevista en Radio Noticias Necochea. Cafiel contó sobre una misión que lo llevó hasta el corazón de la selva misionera para instalar sistemas de […]
En una Argentina marcada por grandes desigualdades, existen historias que muestran realidades invisibles para gran parte del país. Una de ellas fue relatada por el profesor Norberto “Tano” Cafiel durante una entrevista en Radio Noticias Necochea.
Cafiel contó sobre una misión que lo llevó hasta el corazón de la selva misionera para instalar sistemas de energía solar en lugares donde la electricidad todavía es un privilegio inexistente.
La iniciativa surgió a partir del contacto con Ramón Amarilla, dirigente político de la provincia de Misiones, quien planteó la necesidad de brindar soluciones energéticas a comunidades rurales alejadas de los centros urbanos.
4700 KILOMETROS
Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
La respuesta no tardó en llegar. Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La escena que más lo conmovió fue la reacción de los niños cuando recibieron útiles escolares. Cuadernos, lápices, crayones y elementos básicos de estudio provocaron una emoción difícil de describir.
La tarea consistió en instalar paneles solares, baterías, reguladores de carga, inversores y sistemas de iluminación para que la escuela pudiera disponer de electricidad por primera vez.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
La respuesta no tardó en llegar. Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La escena que más lo conmovió fue la reacción de los niños cuando recibieron útiles escolares. Cuadernos, lápices, crayones y elementos básicos de estudio provocaron una emoción difícil de describir.
La tarea consistió en instalar paneles solares, baterías, reguladores de carga, inversores y sistemas de iluminación para que la escuela pudiera disponer de electricidad por primera vez.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
La respuesta no tardó en llegar. Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La escena que más lo conmovió fue la reacción de los niños cuando recibieron útiles escolares. Cuadernos, lápices, crayones y elementos básicos de estudio provocaron una emoción difícil de describir.
La tarea consistió en instalar paneles solares, baterías, reguladores de carga, inversores y sistemas de iluminación para que la escuela pudiera disponer de electricidad por primera vez.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
La respuesta no tardó en llegar. Cafiel, junto a Sebastián Matamoros, Mauro Burgos y Goyo, partió desde Necochea rumbo al noreste argentino. Fueron más de 4.700 kilómetros recorridos entre ida y vuelta para llegar a parajes ubicados a cientos de kilómetros de Posadas.
Uno de los destinos fue Pozo Azul, una localidad ubicada en el interior profundo de Misiones. Allí encontraron una pequeña escuela construida por las propias familias de la comunidad.
Según relató Cafiel, la escuela todavía esperaba algunas habilitaciones para funcionar plenamente y recibir apoyo estatal. Mientras tanto, un docente del cercano municipio de El Soberbio recorre periódicamente grandes distancias para alfabetizar a los chicos por iniciativa propia.
La escena que más lo conmovió fue la reacción de los niños cuando recibieron útiles escolares. Cuadernos, lápices, crayones y elementos básicos de estudio provocaron una emoción difícil de describir.
La tarea consistió en instalar paneles solares, baterías, reguladores de carga, inversores y sistemas de iluminación para que la escuela pudiera disponer de electricidad por primera vez.
La emoción se repitió cuando una madre preguntó si realmente podían encender las luces. La respuesta fue afirmativa. Minutos después, la escuela iluminada se convertía en un nuevo punto de encuentro para toda la comunidad.
La misión continuó luego en El Soberbio, donde el grupo asistió a varias familias rurales.
La respuesta no tardó en llegar.
