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El precio de la urea se dispara y complica la nueva campaña triguera argentina

En medio del ruido político que acapara la atención pública, el sector agropecuario argentino enfrenta un desafío concreto y silencioso: el precio de la urea, insumo crítico para la producción de trigo, se acerca al umbral de los 1.000 dólares por tonelada, casi el doble de lo que valía en diciembre pasado, y eso amenaza […]

5 de mayo de 2026, 18:05 hs Por Redaccion 2262
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En medio del ruido político que acapara la atención pública, el sector agropecuario argentino enfrenta un desafío concreto y silencioso: el precio de la urea, insumo crítico para la producción de trigo, se acerca al umbral de los 1.000 dólares por tonelada, casi el doble de lo que valía en diciembre pasado, y eso amenaza con condicionar las decisiones de siembra para la próxima campaña.

El contexto internacional explica buena parte del problema. El cierre del estrecho de Ormuz, derivado de la escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, interrumpió el tránsito de más del 30% de la urea que se comercializa a nivel mundial, además de afectar el suministro de gas utilizado para producirla en varios países. El impacto fue inmediato: el fertilizante nitrogenado pasó de 500 dólares por tonelada en diciembre a 750 en marzo, y trepó nuevamente en abril hasta rozar los cuatro dígitos. El precio del trigo también subió, pero a un ritmo mucho más lento: la referencia de Chicago pasó de 200 a 250 dólares entre enero y abril, una mejora que no alcanza a compensar el encarecimiento del insumo.

Este escenario llega en un momento en que la Argentina termina de registrar la cosecha de trigo más alta de su historia, con 27 millones de toneladas y un rinde promedio que superó los 40 quintales por hectárea. Un resultado que no fue uniforme: en la zona núcleo hubo lotes que superaron los 80 quintales, superando ampliamente los techos que los modelos agronómicos de hace dos décadas consideraban posibles para las pampas argentinas. Sin embargo, al sur de la ruta 5 y en otras zonas típicamente trigueras, la falta de lluvias derrumbó los rendimientos y se estima que se perdió al menos un millón de toneladas respecto del potencial real.

Para la campaña que comienza, las condiciones hídricas son más alentadoras. Las lluvias —en muchos casos excesivas— recargaron los perfiles en todo el mapa agrícola del país, desde el NEA hasta la zona núcleo. En el nordeste, donde la suerte del trigo depende fundamentalmente del agua acumulada antes de la siembra y no tanto de las precipitaciones primaverales, ya se da por asegurada una parte importante de la producción. Hacia el centro del país, las condiciones también se presentan como excepcionales. El problema, ahora, es qué hacer con los fertilizantes.

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La organización Fertilizar, que promueve el uso de nutrientes en la agricultura argentina, analizó recientemente la evolución de la relación insumo/producto. La conclusión fue matizada: si bien se necesitan más kilos de trigo para pagar una unidad de nitrógeno —lo que implica un deterioro real de esa relación—, los márgenes para una fertilización adecuada con urea y fósforo siguen siendo económicamente justificables. Los técnicos del sector sostienen que el aumento en los rendimientos que genera una nutrición correcta sigue compensando el mayor costo del insumo, aunque la ecuación se volvió más ajustada y exige mayor precisión en la toma de decisiones.

Desde las redes sociales y los foros del sector, productores de distintas regiones coincidieron en una lectura similar: la respuesta no está en resignar fertilización, sino en optimizar su uso. Análisis de suelo, aplicación fraccionada y seguimiento del cultivo son las herramientas que los especialistas señalan como claves para maximizar la eficiencia en un contexto de costos elevados. El viejo axioma económico de que los precios tienden a los costos también está presente en el debate: si muchos productores recortan el uso de insumos, la producción caerá y eso eventualmente presionará al alza el precio del cereal.

En este marco, la mirada del sector también apunta al gobierno nacional, que en las últimas semanas concentró su atención en una agenda política alejada de la producción agropecuaria. Para los operadores del campo, la distracción oficial en un momento de definiciones críticas para la campaña no es un detalle menor. Las decisiones de siembra, compra de insumos y planificación financiera se toman ahora, y la incertidumbre sobre el rumbo de la política agroindustrial agrega un factor más a un rompecabezas que ya tiene piezas complicadas.

La Argentina está en condiciones de repetir —e incluso superar— el récord triguero que acaba de establecer. Las lluvias acompañan, la tecnología disponible también. Pero el salto en el precio de la urea y la falta de señales claras desde el Estado instalan una zona de incertidumbre que los productores deberán resolver, una vez más, con sus propios recursos y criterio técnico.

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