El FMI advierte que los subsidios generales son costosos e ineficientes y recomienda transferencias directas focalizadas
Un nuevo estudio analítico publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que los aumentos desproporcionados en alimentos y energía provocan daños económicos duraderos, erosionan los salarios reales y desestabilizan las expectativas de inflación durante años. La investigación, elaborada por los economistas Braulio Britos, Chiara Maggi, Galip Kemal Ozhan y Sihwan Yang, forma parte de […]
Un nuevo estudio analítico publicado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que los aumentos desproporcionados en alimentos y energía provocan daños económicos duraderos, erosionan los salarios reales y desestabilizan las expectativas de inflación durante años. La investigación, elaborada por los economistas Braulio Britos, Chiara Maggi, Galip Kemal Ozhan y Sihwan Yang, forma parte de las Perspectivas de la Economía Mundial del organismo y concluye que el apoyo focalizado y temporal mediante transferencias directas es la vía más eficaz para proteger a las familias vulnerables sin agotar los recursos fiscales.
El informe detalla cómo las perturbaciones en los mercados de materias primas —desde el estallido de la guerra en Ucrania en 2022 hasta las recientes tensiones en Oriente Medio— han provocado un encarecimiento sostenido de productos básicos como alimentos, combustible y electricidad. Según el estudio, los precios relativos de los artículos de primera necesidad permanecen elevados durante más de un año tras el shock inicial, lo que genera un deterioro duradero en el poder adquisitivo de las familias.
El documento señala que estas crisis complican la labor de la política monetaria y de los bancos centrales. En primer lugar, las expectativas inflacionarias se desanclan: la inflación general se mantiene elevada durante años, situando las expectativas del mercado por encima de los niveles previos a la crisis. En segundo lugar, se produce una erosión del salario real, ya que los sueldos caen en términos reales y tardan períodos prolongados en recuperarse. Finalmente, se profundiza la desigualdad, puesto que los hogares de menores ingresos destinan una proporción considerablemente mayor de su presupuesto a alimentos y energía, ampliando la brecha socioeconómica con mayor severidad en los países de bajos ingresos.
Históricamente, los gobiernos han recurrido a rebajas de impuestos (IVA o aranceles), controles directos de precios y subsidios a productores o consumidores para amortiguar el impacto. Sin embargo, el FMI señala que estas medidas suelen generar importantes ineficiencias fiscales y de mercado. Los subsidios generalizados y la contención de precios resultan un alivio costoso e ineficiente, ya que benefician por igual a todos los consumidores, incluidos los de mayores ingresos, y desalientan la producción.
Los autores concluyen que las respuestas gubernamentales deben ser estrictamente temporales, con cláusulas de caducidad claras y vinculadas al impacto medio de la crisis en los sectores de menores ingresos. La recomendación central para los países es fortalecer de manera anticipada sus redes e infraestructura de protección social. Contar con sistemas consolidados antes de que ocurra una perturbación permitirá desplegar rápidamente transferencias directas y evitar así daños económicos prolongados.
El estudio también destaca que las crisis del costo de vida no son episodios pasajeros y que sus efectos se extienden por años, afectando especialmente a los países de bajos ingresos. En este sentido, el FMI insta a los gobiernos a priorizar la eficiencia del gasto público y a diseñar políticas que protejan a los más vulnerables sin comprometer la sostenibilidad fiscal.
En un contexto global de incertidumbre, la entidad financiera internacional subraya la importancia de la preparación anticipada y la focalización del gasto. La experiencia reciente demuestra que los subsidios generalizados no solo son fiscalmente insostenibles, sino que también distorsionan los mercados y retrasan la recuperación económica.
En conclusión, el FMI recomienda a los países adoptar un enfoque de protección social basado en transferencias directas y temporales, fortaleciendo sus sistemas antes de que ocurran nuevas crisis. Esta estrategia permitiría mitigar el impacto en los hogares vulnerables y preservar los recursos fiscales, evitando así los efectos negativos de los subsidios generalizados y la contención de precios.
