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El 54% de los bosques del mundo está en riesgo: cinco países concentran la crisis forestal global

La mitad de los bosques del planeta depende de cinco países Más del 54% de la superficie forestal del mundo —aproximadamente 4.000 millones de hectáreas— se concentra en Brasil, Rusia, Canadá, Estados Unidos y China. Así lo indican los últimos datos analizados por Diana Colomina, responsable de bosques de WWF, que advierten sobre una paradoja […]

4 de mayo de 2026, 13:01 hs Por Redaccion 2262
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La mitad de los bosques del planeta depende de cinco países

Más del 54% de la superficie forestal del mundo —aproximadamente 4.000 millones de hectáreas— se concentra en Brasil, Rusia, Canadá, Estados Unidos y China. Así lo indican los últimos datos analizados por Diana Colomina, responsable de bosques de WWF, que advierten sobre una paradoja inquietante: las naciones que funcionan como pulmones del planeta son también las que enfrentan la mayor presión extractiva y agrícola a escala global. Esta concentración geográfica convierte a esos cinco territorios en el epicentro de una crisis ambiental con consecuencias directas sobre el equilibrio climático.

Los registros de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirman que durante la última década el mundo perdió un promedio de 10,9 millones de hectáreas de bosque por año. Para dimensionar el dato: cada doce meses desaparece una superficie equivalente a 15 millones de canchas de fútbol. Las regiones tropicales de América, África y Asia son las más castigadas, donde el bosque virgen cede paso a cultivos intensivos y pasturas para ganadería extensiva.

El sistema alimentario global, principal motor de la deforestación

Contrariamente a una percepción extendida, la deforestación no es un fenómeno exclusivo de los países productores. Los especialistas señalan que se trata de un síntoma estructural de un modelo alimentario global que demanda volúmenes crecientes de materias primas. La expansión de la soja y el aceite de palma —insumos centrales de la industria alimentaria procesada—, la ganadería extensiva y el cultivo de productos como el cacao y el café destinados a mercados occidentales son identificados como los principales factores de pérdida de cobertura forestal y biodiversidad.

Desde WWF sostienen que la deforestación está impulsada, en gran medida, por el consumo de China y Europa. En ese marco, la Unión Europea es señalada como responsable del 16% de la denominada deforestación importada a nivel mundial. España, en particular, ocupó en 2017 el primer lugar entre los países europeos con mayor huella en deforestación tropical, vinculada principalmente a la importación de soja para alimentar su sector ganadero.

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La respuesta regulatoria europea y sus límites

En 2023, la Unión Europea aprobó el reglamento EUDR (Productos Libres de Deforestación), una normativa que obliga a las empresas a acreditar la trazabilidad de sus productos y garantizar que no provengan de zonas deforestadas con posterioridad a 2020. Sin embargo, la implementación de la norma enfrenta resistencias significativas. Organizaciones como Greenpeace denuncian presiones de lobbies internacionales y señalan que Estados Unidos estaría actuando para debilitar el reglamento en defensa de sus intereses comerciales, lo que instala la cuestión en el terreno de la geopolítica ambiental.

La degradación silenciosa: cuando los bosques se debilitan sin desaparecer

Más allá de la deforestación directa, los expertos alertan sobre otro proceso menos visible pero igualmente preocupante: la degradación forestal. Este fenómeno implica la pérdida progresiva de calidad y biodiversidad de los ecosistemas boscosos, sin que necesariamente desaparezcan los árboles. Las sequías prolongadas y las olas de calor están reduciendo la capacidad de los bosques para absorber dióxido de carbono, una función esencial para mitigar el cambio climático.

Los bosques albergan aproximadamente el 70% de la biodiversidad terrestre del planeta. Su deterioro no solo acelera el calentamiento global, sino que compromete la seguridad hídrica de regiones enteras y pone en riesgo cadenas ecosistémicas de las que dependen millones de personas. Cuando la capacidad de absorción de CO2 disminuye, el ciclo del carbono se altera y los efectos se propagan en cadena sobre el clima, el agua y la alimentación.

Una crisis que también interpela a la región

Aunque la noticia tiene alcance global, la situación no es ajena a la realidad argentina ni a la región bonaerense. Argentina forma parte del corredor sudamericano de bosques nativos que incluye la selva misionera, el Chaco y sectores del espinal, todos bajo presión de la expansión agropecuaria. La discusión sobre modelos productivos sustentables, la trazabilidad de las cadenas de valor y la regulación del uso del suelo atraviesa también los debates locales sobre desarrollo y ambiente.

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En ese sentido, la crisis forestal global no es un problema ajeno: interpela directamente a productores, consumidores y gobiernos en todos los niveles. La pregunta sobre qué se produce, cómo se produce y para qué mercado se produce tiene respuestas que impactan en los bosques del otro lado del mundo, pero también en los montes nativos que subsisten en la provincia de Buenos Aires.

Un equilibrio frágil que no admite demoras

Los datos disponibles configuran un escenario de alta complejidad. La concentración forestal en pocas manos geopolíticas, la presión del mercado global sobre los ecosistemas y las resistencias a las regulaciones internacionales dibujan un panorama en el que el tiempo disponible para revertir la tendencia se acorta. Los organismos especializados coinciden en que sin cambios estructurales en los patrones de producción y consumo, la pérdida de bosques continuará a un ritmo incompatible con los objetivos climáticos acordados internacionalmente.

La información aportada por WWF y la FAO no es nueva en su diagnóstico, pero sí en su urgencia. La degradación avanza incluso donde los árboles permanecen en pie, y eso obliga a ampliar el foco más allá de los titulares sobre incendios o topadoras. El problema, como advierten los especialistas, es estructural. Y las soluciones, para ser efectivas, deberán serlo también.

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