Crisis textil 2026: 22,6% de caída, 28.322 empleos perdidos y 500 cierres de fábricas
22,6% de contracción acumulada en la actividad textil nacional en 2026, según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, marcó un punto crítico en la economía regional. La cifra refleja la caída más profunda en la producción desde el primer trimestre de 2025 y subraya la urgencia de revisar las políticas industriales […]
22,6% de contracción acumulada en la actividad textil nacional en 2026, según el último informe de la Federación de Industrias Textiles Argentinas, marcó un punto crítico en la economía regional. La cifra refleja la caída más profunda en la producción desde el primer trimestre de 2025 y subraya la urgencia de revisar las políticas industriales y de comercio exterior.
El impacto laboral se ha convertido en una de las principales preocupaciones. Desde 28.322 puestos de trabajo perdidos desde diciembre de 2023, la industria textil ha contribuido de manera significativa al aumento del desempleo formal en el país. Los datos recopilados por FITA indican que la pérdida de empleo se concentra principalmente en las pymes, donde la falta de competitividad y la escasa capacidad de adaptación a las nuevas tendencias de consumo han acelerado los cierres de fábricas y comercios.
El fabricante y comerciante Camilo Alan expresó su indignación ante la situación: “La pymes textiles y de calzado, que es a lo que yo me dedico, viene muy complicada, con mucha recesión y desocupación. Hay mucho cierre de fábricas y de comercios, el industricidio que hay es tremendo, la gente no tiene plata y no entra a comprar”. Sus palabras reflejan la frustración de un sector que se ve atrapado entre la caída de la demanda interna y la presión de la competencia internacional.
La irrupción de plataformas chinas como Temu y Shein ha agravado la situación. Estas empresas han inundado el mercado con indumentaria a precios extremadamente bajos, imposibles de igualar para los fabricantes nacionales. “La mercadería aumentó, pero nosotros no podemos porque si no, no vendemos; entonces cada vez ganamos menos y los gastos de los servicios son mayores”, sostuvo Alan, subrayando la presión de márgenes que deja a las empresas sin margen para trasladar el incremento de los costos operativos a los precios finales sin dinamitar aún más el consumo.
En el contexto macroeconómico, la alta inflación y la marcada pérdida del poder adquisitivo de los consumidores han empeorado la situación. “A mí la venta me cayó un 60%, muchos colegas se fundieron. Vivimos una política económica que es para cuatro vivos, la estamos pasando muy mal”, completó. La combinación de la inflación, la devaluación y la falta de incentivos fiscales ha generado un entorno hostil para la industria textil, que ya opera con apenas el 45,3% de su capacidad instalada.
El cierre neto de más de 500 establecimientos productivos en el último año, junto con la pérdida de más de 28.000 empleos formales, convierte a la industria textil en uno de los principales motores del desempleo industrial en el país. La crisis, que se ha extendido a lo largo de los primeros meses de 2026, exige una respuesta coordinada entre el sector público y privado para revitalizar la producción y proteger los empleos.
En conclusión, la caída del 22,6% en la actividad textil de 2026 representa un desafío estructural que requiere políticas de apoyo a la innovación, la competitividad y la formación laboral. La colaboración entre las autoridades locales, las organizaciones empresariales y los trabajadores será esencial para revertir la tendencia y garantizar la sostenibilidad del sector en el futuro.
