La memoria y la locura: reflexiones sobre la semana pasada
La semana pasada fue una de esas semanas en las que el tiempo transcurre en una doble dimensión. Por un lado, los hechos rutinarios de nuestras vidas, y por el otro, los ecos del pasado que pudo ser para muchos dolorosamente rutinario. La memoria, movilizante e inquietante, sorprende como ráfaga de viento en un día […]
La semana pasada fue una de esas semanas en las que el tiempo transcurre en una doble dimensión. Por un lado, los hechos rutinarios de nuestras vidas, y por el otro, los ecos del pasado que pudo ser para muchos dolorosamente rutinario. La memoria, movilizante e inquietante, sorprende como ráfaga de viento en un día sin sorpresas.
La pasada semana fue una de esas semanas, simples y complejas a la vez. Lo que se anuncia al comienzo del lunes es el desarrollo de las actividades normales de trabajo (si no se está de vacaciones o se es desempleado) y de ocio. En general, nuestras sociedades hacen poco caso a éstas últimas, pero ese es tema para otra crónica.
A medida que la semana avanzaba, todo parecía ocurrir como de costumbre: problemas que solucionar, notas que cubrir, cuentas que pagar… lo de costumbre. De pronto, una de esas ráfagas se hizo presente. En un acto en el que se premiaba el proyecto de construcción de un “Paseo de la memoria” en la plaza central de la ciudad, se contó con la presencia de dos madres de detenidos-desaparecidos durante la última dictadura militar en Argentina, conocidas en nuestro país como Madres de Plaza de Mayo.
Se entregaron los premios, hablaron las autoridades, hablaron las madres. Algo, de lo que una de ellas dijo siguió dando vueltas en mi cabeza: “… nos llamaban las locas de Plaza de Mayo…”
Al día siguiente, iba a la casa de una amiga, el recorrido me llevó a pasar frente al neuropsiquiátrico local. Es un lugar agradable, por lo menos en su exterior; no hay alambrados ni portones con rejas y tiene un gran jardín. Otra vez el tema de la locura.
En mi ciudad, este hospital no tiene internos con patologías severas, por lo que se los ve paseando por dicho jardín o por el barrio. Quizá, se me ocurre, los dictadores vieron a las madres inofensivas e impotentes ante su autoridad. No contaron con que la supuesta locura las iba a hacer fuertes, resistentes a pesar del peligro, insistentes y pertinaces a pesar del miedo.
La supuesta locura de las madres de Plaza de Mayo es un tema que nos hace reflexionar sobre la verdadera naturaleza de la locura. Escribió Julio Cortázar en su “Elogio de la Locura” que la locura merece ser elogiada cuando la razón se rompe los dientes contra una realidad que no se deja ni sejar atrapar jamás por las frías armas de la lógica, la ciencia pura y la tecnología.
La semana pasada nos recordó que la locura no es algo que debamos temer ni rechazar, sino algo que debemos entender y respetar. La locura es la ruptura de todos los lazos razonables, y es precisamente esa ruptura lo que nos hace fuertes y resistentes a pesar del peligro.
En resumen, la semana pasada nos dejó una lección importante sobre la memoria y la locura. La memoria nos recuerda que el pasado sigue vivo y presente en nuestras vidas, y la locura nos muestra que la verdadera fuerza radica en la capacidad de romper con la lógica y la razón.
