Estudio del PIK advierte que el Amazonas podría colapsar de forma irreversible si se superan umbrales críticos
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature por el Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático (PIK) encendió las alarmas en la comunidad científica internacional: la selva amazónica estaría perdiendo progresivamente su capacidad de autorregulación, y de mantenerse las condiciones actuales de deforestación y calentamiento global, podría transformarse en […]
Un nuevo estudio publicado en la revista científica Nature por el Instituto Potsdam para la Investigación sobre el Impacto del Cambio Climático (PIK) encendió las alarmas en la comunidad científica internacional: la selva amazónica estaría perdiendo progresivamente su capacidad de autorregulación, y de mantenerse las condiciones actuales de deforestación y calentamiento global, podría transformarse en un ecosistema de tipo sabana mucho antes de lo que estimaban los modelos previos.
La investigación fue liderada por el científico Nico Wunderling y establece con precisión los umbrales que el sistema no podría superar sin consecuencias irreversibles. Según el modelo desarrollado, el Amazonas alcanzaría un punto de inflexión definitivo si se combinan dos variables simultáneas: una deforestación acumulada de entre el 22% y el 28% de su superficie total —cuando actualmente ronda el 18%— y un incremento de la temperatura media global de entre 1,5 °C y 1,9 °C. Bajo ese escenario, aproximadamente dos tercios de la selva colapsarían, con consecuencias que excederían ampliamente los límites de Sudamérica.
Uno de los hallazgos más significativos del estudio refiere a la ruptura del ciclo de reciclaje de precipitaciones. El Amazonas no solo recibe agua de lluvia, sino que la genera: hasta el 50% de sus precipitaciones tiene origen en la humedad que los propios árboles liberan a la atmósfera mediante transpiración. Al reducirse la masa forestal, esa cadena se interrumpe, derivando en sequías cada vez más severas que, a su vez, aceleran la pérdida de vegetación. Se trata de un proceso de retroalimentación negativa que debilita la estabilidad climática a escala continental, con impacto directo sobre la producción agrícola de vastas regiones.
«La deforestación está haciendo que la Amazonía sea mucho menos resiliente de lo que se pensaba», señaló Wunderling en el marco de la publicación. El científico subrayó que la interacción entre la presión antrópica sobre el suelo y el calentamiento global configura una amenaza de dimensiones sin precedentes para el ecosistema más biodiverso del planeta.
El estudio también advierte sobre un factor de estrés independiente de la actividad directa sobre el terreno: el calor extremo. Aun en un escenario hipotético en el que la tala se detuviese de inmediato, un aumento de la temperatura global de entre 3,7 °C y 4 °C podría provocar el colapso de la selva por agotamiento hídrico, sin necesidad de intervención humana adicional en el suelo. Este dato subraya la centralidad de la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero como condición necesaria —aunque no suficiente— para preservar el bioma.
Sin embargo, los investigadores sostienen que el peor escenario aún es evitable. Johan Rockström, director del PIK, enfatizó que el estudio no pretende ser un diagnóstico de fatalidad, sino una hoja de ruta para la acción. Las tres líneas de intervención identificadas como prioritarias son: la deforestación cero, que implica detener de manera inmediata la expansión agrícola y la tala ilegal; la restauración forestal de áreas degradadas para fortalecer el ciclo de humedad regional; y el cumplimiento efectivo de los compromisos climáticos globales orientados a limitar el aumento de temperatura.
La Amazonía representa el mayor sumidero de carbono terrestre del planeta y alberga una fracción decisiva de la biodiversidad mundial. Su estabilidad incide directamente sobre los patrones de lluvia en Argentina, Brasil, Bolivia y otros países del continente, lo que convierte su eventual degradación en un problema de seguridad ambiental y alimentaria para toda la región. Desde Necochea, ciudad costera cuya economía descansa en buena medida sobre la actividad agropecuaria y portuaria, las alteraciones climáticas a escala sudamericana no resultan ajenas: los cambios en los regímenes de precipitación y temperatura afectan directamente la producción de granos que transitan por el Puerto de Quequén.
El informe del PIK renueva la presión sobre los Estados y organismos internacionales para acelerar los compromisos de reducción de emisiones y protección de los ecosistemas forestales. La ventana de oportunidad para evitar el colapso irreversible existe, pero se estrecha a medida que los indicadores de deforestación y temperatura global continúan su tendencia ascendente.
