Violencia en el básquet femenino regional: el DT de Quilmes de Tres Arroyos agredió físicamente al técnico de Rivadavia
Un grave episodio de violencia conmocionó al básquet femenino regional en la noche del viernes en Necochea, cuando el entrenador del club Quilmes de Tres Arroyos agredió físicamente al director técnico del club Rivadavia, Alberto Pastrello, una vez finalizado un partido correspondiente al torneo organizado por la Asociación Tresarroyense de Básquetbol. El hecho ocurrió en […]
Un grave episodio de violencia conmocionó al básquet femenino regional en la noche del viernes en Necochea, cuando el entrenador del club Quilmes de Tres Arroyos agredió físicamente al director técnico del club Rivadavia, Alberto Pastrello, una vez finalizado un partido correspondiente al torneo organizado por la Asociación Tresarroyense de Básquetbol. El hecho ocurrió en el gimnasio de Rivadavia y ya fue elevado formalmente al Tribunal de Disciplina de la entidad.
El encuentro había concluido con victoria del conjunto necochense por nueve puntos en un partido intenso y muy disputado. El equipo local presentó una plantilla de mayoría juvenil frente a un combinado visitante con experiencia en Primera División, lo que marcó el perfil competitivo del enfrentamiento. Según los testimonios relevados, durante el desarrollo del juego se registraron constantes reclamos de jugadoras y cuerpo técnico del conjunto tresarroyense hacia los árbitros, aunque el partido transcurrió sin sanciones disciplinarias de gravedad.
El episodio más serio se desencadenó una vez finalizado el partido, en el momento en que ambos planteles se encontraban saludándose y reuniéndose con sus respectivos cuerpos técnicos. De acuerdo con los testimonios de los presentes, el entrenador visitante comenzó a increpar al DT de Rivadavia, acusando a las jugadoras locales de festejar sus tantos frente a las rivales y de haber proferido insultos durante el encuentro. Cuando Pastrello ya se retiraba hacia el banco de suplentes para reunirse con sus jugadoras, el entrenador de Quilmes lo interceptó y le propinó un golpe de puño que impactó en la zona del hombro, provocando su caída al piso.
Testigos del hecho aseguraron que el agresor intentó continuar golpeando a Pastrello incluso cuando este ya se encontraba en el suelo, situación que fue controlada por personas presentes en el gimnasio, quienes lograron contenerlo y separarlo. Durante el disturbio también resultó dañada una cámara de transmisión junto con un trípode pertenecientes al medio que realizaba la cobertura del partido.
El incidente generó un fuerte impacto entre las jugadoras juveniles de Rivadavia, muchas de ellas menores de edad, quienes fueron retiradas rápidamente hacia el vestuario por integrantes del cuerpo técnico y por familiares que se encontraban presentes en el recinto. La situación expuso a niñas y jóvenes deportistas a una escena de violencia física en un contexto que debería haber sido de cierre deportivo.
En declaraciones posteriores al hecho, Jimena Ruiz —madre de jugadoras de Rivadavia, integrante del Tribunal de Disciplina local y testigo directa de lo ocurrido— defendió la conducta de las deportistas del club y cuestionó los argumentos esgrimidos por el agresor. “Las chicas festejan sus goles, no festejan errores ajenos ni insultan. Lo que pasó después fue totalmente inesperado y repudiable”, sostuvo Ruiz. La dirigente también destacó los valores deportivos que históricamente caracterizan a la institución necochense.
Ruiz fue más allá y cuestionó la actitud de algunas jugadoras visitantes que, en las horas posteriores al incidente, salieron a defender públicamente al entrenador implicado en la agresión. “Justificar una agresión física es gravísimo. Nada puede justificar una trompada”, expresó con firmeza. Su postura refleja el malestar generalizado que el episodio generó en el entorno del club local.
El hecho fue comunicado de manera oficial por los árbitros del encuentro mediante el acta correspondiente y elevado formalmente al Tribunal de Disciplina de la Asociación Tresarroyense de Básquetbol, organismo que deberá analizar y resolver las eventuales sanciones disciplinarias que correspondan tanto al entrenador agresor como a cualquier otro involucrado en el episodio. La resolución del caso se convierte en un test clave para la institución, que deberá sentar precedente sobre los límites del comportamiento admisible en el deporte regional, especialmente en competencias que involucran a deportistas jóvenes y menores de edad.
