Cosecha récord de trigo pero escasez en la molienda: FAIM alerta por riesgo de desabastecimiento
La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) encendió las alarmas ante una situación que, a primera vista, resulta difícil de comprender: Argentina acaba de cosechar 27,9 millones de toneladas de trigo —un récord histórico que representa un salto del 50% respecto al ciclo anterior— y, sin embargo, el sector molinero enfrenta crecientes dificultades para […]
La Federación Argentina de la Industria Molinera (FAIM) encendió las alarmas ante una situación que, a primera vista, resulta difícil de comprender: Argentina acaba de cosechar 27,9 millones de toneladas de trigo —un récord histórico que representa un salto del 50% respecto al ciclo anterior— y, sin embargo, el sector molinero enfrenta crecientes dificultades para conseguir grano apto para la panificación. La paradoja amenaza el abastecimiento de harina para el mercado interno en un año que, sobre el papel, debería haber sido de abundancia.
El cuadro de situación fue descripto con preocupación por Diego Cifarelli, presidente de la FAIM, quien reconoció que la magnitud del problema tomó por sorpresa incluso a los propios actores del sector. «Jamás se proyectó que, con una cosecha histórica, podríamos llegar a tener problemas de abastecimiento», señaló el dirigente, sintetizando en una sola frase la contradicción que hoy atraviesa la cadena triguera argentina. La advertencia cobra particular relevancia para regiones como el partido de Necochea y Quequén, cuyo puerto opera como uno de los principales nodos de exportación cerealera del país.
Los datos del primer cuatrimestre del ciclo comercial revelan el desfasaje con claridad. La molienda totalizó 1.963.746 toneladas en ese período, lo que implica una mejora del apenas 1,0% interanual. Ese incremento marginal contrasta de manera notoria con el volumen récord registrado en el campo y evidencia que la cosecha abundante no se tradujo automáticamente en mayor actividad industrial. Cifarelli fue directo al respecto: «El crecimiento de la molienda está muy lejos de reflejar la dinámica de la cosecha».
El nudo del conflicto radica en la disputa por el grano entre dos sectores con velocidades de compra muy distintas. El segmento exportador actuó con notable agresividad desde el inicio de la campaña y, al 15 de abril, ya había captado más de la mitad de la cosecha total. La industria molinera, en cambio, quedó rezagada, condicionada por una exigencia adicional que el exportador no tiene: la necesidad de seleccionar partidas con parámetros técnicos específicos de calidad panadera. En un mercado donde el grano apto escasea, esa restricción se convirtió en una desventaja estructural.
El problema de la calidad no es nuevo. Desde diciembre pasado, cuando arrancó la campaña, la FAIM ya advertía sobre un deterioro generalizado en el contenido proteico del trigo, un indicador clave para la elaboración de harinas panificables. Lo que cambió en las últimas semanas es la escala de la preocupación: ya no se trata únicamente de encontrar «buen trigo» dentro de una oferta amplia, sino de la dificultad concreta de originar mercadería en un mercado donde gran parte del volumen ya fue comprometido por la exportación. La combinación de escasez de partidas aptas y competencia por el acceso físico al grano configura, según la federación, un escenario de incertidumbre que no estaba en ninguna proyección inicial.
La situación plantea interrogantes de fondo sobre el funcionamiento del mercado triguero argentino y la capacidad del Estado de garantizar el abastecimiento interno cuando la lógica exportadora opera con mayor velocidad y flexibilidad que la industria doméstica. La FAIM no formuló pedidos concretos de intervención en su comunicado, pero la sola descripción del cuadro instala implícitamente el debate sobre si los mecanismos actuales de regulación son suficientes para proteger el mercado interno en contextos de alta demanda externa.
Para el puerto de Quequén, que en los últimos años consolidó su posición como segundo complejo exportador de granos del país, la campaña 2025/26 se presentó desde el inicio como una oportunidad de alto volumen. Sin embargo, el alerta de la FAIM introduce una dimensión que trasciende la lógica portuaria y comercial: la pregunta sobre qué parte de esa cosecha récord quedará efectivamente disponible para transformarse en harina y llegar a la mesa de los argentinos.
Con la cosecha ya recolectada y el grueso del volumen comprometido con destino externo, el margen de maniobra para revertir la situación se achica semana a semana. La industria molinera deberá competir en un mercado spot con precios presionados al alza, mientras la harina —insumo básico del pan, las pastas y múltiples productos de consumo masivo— podría enfrentar restricciones de oferta que el récord productivo hacía impensables apenas unos meses atrás.
