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Sergio Alvarez: una vida entre teclas, rock sinfónico y el reencuentro con Limbatto en ‘Doble o nada’

Del bandoneón de su padre a los teclados del rock progresivo En la casa de la familia Alvarez, la música no era un pasatiempo: era el aire que se respiraba. César Alvarez, el padre, no solo dirigía su propia orquesta de tango y había tenido protagonismo en los años cincuenta, sino que además sostenía una […]

4 de mayo de 2026, 14:01 hs Por Redaccion 2262
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Del bandoneón de su padre a los teclados del rock progresivo

En la casa de la familia Alvarez, la música no era un pasatiempo: era el aire que se respiraba. César Alvarez, el padre, no solo dirigía su propia orquesta de tango y había tenido protagonismo en los años cincuenta, sino que además sostenía una casa de venta de instrumentos musicales en Necochea. Ese doble vínculo con el oficio —el artístico y el comercial— impregnó la crianza de sus cuatro hijos, ninguno de los cuales siguió sus pasos en el bandoneón, pero todos abrazaron la música de una u otra manera.

Sergio Alvarez es el más visible de ellos en la escena local actual. Comenzó a tocar el piano a los cinco años, empujado naturalmente por ese entorno. Sus hermanos mayores, César y Eduardo, también eligieron el piano. El menor, Jesús, toca el bajo y el piano, aunque nunca se volcó a la música de manera profesional. Sergio sí lo hizo, y su trayectoria abarca desde el acompañamiento al tango familiar hasta los festivales internacionales de rock progresivo sinfónico.

En una entrevista concedida al programa El Ciudadano, emitido por televisión y disponible en YouTube, el músico repasó su carrera con detalle y habló del presente que comparte junto a su socio musical Fernando Limbatto.

De los casamientos de los años ochenta al festival de Bajo California

Antes de convertirse en músico profesional, Sergio Alvarez ya actuaba en público. Acompañaba a su padre y al cantor de tango Víctor Hugo Genoveses en un trío que recorría eventos sociales —casamientos incluidos— durante la década del ochenta. Ese fue su primer escenario real, una escuela práctica que complementó su formación autodidacta y familiar.

Tu marca en el lugar donde las noticias pasan

El salto al rock llegó junto a Fernando Limbatto, a quien Alvarez define como un hermano del alma. En 1987, tras cumplir el servicio militar, ambos fundaron In Extremis, con José Tadeo en batería —compañero de Sergio en el servicio—. El grupo desarrolló un sonido propio, con composiciones originales que se enmarcaban en el rock elaborado y de influencias sinfónicas, moderno para los estándares de la época en la región.

La banda tuvo continuidad hasta 1995, cuando circunstancias personales de cada integrante interrumpieron el proyecto. En ese tramo grabaron un disco, incorporaron covers y contaron con la participación de bateristas como Rubén Nebot —quien llegó a ser miembro estable— y Fernando Altieri. La experiencia dejó una marca profunda en Alvarez, que siguió desarrollando su carrera en distintos formatos y géneros, sin prejuicios estéticos: el rock sinfónico convivió en su historia con etapas de música tropical, siempre desde una perspectiva profesional.

Uno de los hitos de su carrera fue la participación en un festival de rock progresivo sinfónico realizado en Bajo California, México, considerado uno de los encuentros de referencia para ese género en América Latina. También formó parte de la producción de soporte para Rick Wakeman, el célebre tecladista británico conocido por su trabajo con Yes, referente mundial del rock progresivo. Esos créditos ubican a Alvarez en un lugar poco frecuente para un músico del interior bonaerense.

El reencuentro con Limbatto y el nacimiento de ‘Doble o nada’

Fernando Limbatto regresó a Necochea después de una temporada viviendo en Italia. El reencuentro con Sergio Alvarez fue, según este último, tanto personal como musical. Los dos retomaron el vínculo desde donde lo habían dejado y decidieron armar un nuevo proyecto: el dúo Doble o nada.

Tu marca en el lugar donde las noticias pasan

El formato es despojado pero directo: dos músicos, el repertorio que a ellos les apasiona —con eje en el rock que marcó sus trayectorias— y la posibilidad de compartir escenarios en espacios de Necochea y la zona de manera más ágil que con una banda completa. El nombre del proyecto no parece casual: hay en él una apuesta consciente, la de dos músicos maduros que eligen volver a hacer lo que quieren, sin concesiones mayores al mercado.

Doble o nada ya viene actuando en la ciudad y en localidades vecinas, consolidando una propuesta que mezcla temas propios con versiones de referentes del rock progresivo y sinfónico. La dupla recupera algo de la esencia de In Extremis, pero en un formato más libre y adaptado al presente.

Un músico local con proyección que eligió quedarse

La historia de Sergio Alvarez es la de un artista que construyó su carrera desde Necochea hacia afuera, con logros concretos en el circuito del rock progresivo a nivel regional e internacional, y que sin embargo mantuvo su base en la ciudad. Esa decisión —implícita, nunca declarada como tal en la entrevista— se traduce en una presencia constante en la escena cultural local que pocas veces recibe el reconocimiento que merece.

Con Doble o nada, Alvarez y Limbatto ofrecen a Necochea algo que no abunda: músicos con trayectoria real, con discos grabados y festivales internacionales en el currículum, que eligen actuar en los espacios de la ciudad. Una apuesta que, parafraseando el nombre del dúo, bien puede leerse como todo o nada.

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